Cuando discrepar tiene consecuencias
Érase una vez… en una zona cualquiera… un director de oficina urbana con muchos años de experiencia.
Había pasado por distintas etapas, distintos responsables y diferentes puestos de responsabilidad. Había aprendido que en la banca cambian las estrategias, cambian los productos y cambian los objetivos.
Lo que nunca debería cambiar es el respeto a las personas.
Aquel director decidió no adherirse.
No porque no quisiera trabajar. No porque no creyera en la captación de clientes. Simplemente porque no compartía la estructura del incentivo.
Y adherirse suponía manifestar justo lo contrario.
Decidió actuar conforme a sus principios.
A partir de ese momento, la relación con su responsable cambió radicalmente.
Desaparecieron las conversaciones. Desaparecieron las llamadas. Las respuestas llegaban tarde o no llegaban.
Incluso la evaluación del desempeño terminó dejando una reflexión difícil de aceptar: cumplir la jornada laboral parecía haberse convertido en una limitación para aspirar a mayores responsabilidades.
Pasaron las semanas. Llegó entonces una nueva visita.
—Quiero hacer cambios.
—¿Por qué?
La oficina presentaba cifras más que razonables. Había crecido, estaba saneada y mantenía resultados positivos.
La respuesta fue sencilla:
—Porque quiero.
Y así, sin más explicación, comenzaron a plantearse nombramientos y ceses.
No importa demasiado el nombre de la oficina. No importa la zona. Ni siquiera importan los nombres de las personas implicadas.
Lo verdaderamente importante es la reflexión de fondo.
Preguntas que todos deberíamos hacernos
¿Qué ocurre cuando discrepar se interpreta como deslealtad?
¿Qué ocurre cuando la experiencia deja de tener valor?
¿Qué ocurre cuando expresar una opinión distinta puede tener consecuencias?
Las organizaciones necesitan líderes. Pero los líderes no se construyen desde el miedo. Se construyen desde el respeto.
Las organizaciones necesitan compromiso. Pero el compromiso no se impone. Se inspira.
Se mide por cómo se trata a las personas cuando llega el desacuerdo.
Porque detrás de cada director, de cada gestor y de cada empleado hay una persona.
Una persona con trayectoria, experiencia, dignidad profesional y sentimientos.
Cuando eso se olvida, quizá se consiga obediencia. Pero difícilmente se conseguirá respeto.
La historia termina con un cese.
La pregunta sigue abierta:
Me suena a algo sucedido en Toledo
ResponderEliminarsi no somos capaces de dar nombreas para avergonzar a los perpetradores . Esta circular es agua de borrajas
ResponderEliminareste caso me suena, podria ser que se haya producido a las orillas del Tajo. no se puede permitir que las ansias de poder de algunos, pisen la profesionalidad de otros.
ResponderEliminarCSIF no publica por publicar. Antes de este comunicado, esta Sección Sindical ya puso formalmente en conocimiento de la entidad esta práctica antílaboral, exigiendo que se investiguen los hechos, se depuren responsabilidades y se adopten medidas reales.
ResponderEliminarNuestra función no es convertir el blog en un escaparate de nombres, sino defender a la plantilla con rigor, denunciar las irregularidades y actuar dentro de la legalidad.
Lo fácil es comentar. Lo serio es actuar. Y CSIF ha actuado.