El pasado viernes 13 de febrero volvió a quedar claro que Unicaja solo mira por sus propios intereses.
Mientras cada viernes recibimos correos hablándonos de lo buenos que somos, de lo mucho que valemos y de lo que mejora la entidad, la realidad es muy distinta.
Lo que debía ser un día de orgullo —con el cobro de la extra por beneficios como reconocimiento, aunque insuficiente, al trabajo de la plantilla— se convirtió en un jarro de agua fría cuando comenzaron las llamadas anunciando cierres de oficinas.
- Los directores cesados perderán su complemento y verán reducida su retribución.
- Gestores personales y otros compañeros tendrán que empezar de cero una nueva lucha comercial.
- Sin conocer clientes, sin conocer la plaza y sin la confianza construida durante años.
- Con objetivos difíciles de alcanzar y un variable cada vez más ridículo.
Surgen preguntas que la dirección no responde:
- ¿Qué ocurrirá con las vacaciones ya planificadas?
- ¿Se respetará la organización anterior o quedará todo al criterio del “zona” de turno?
- ¿Se ha valorado el impacto real en la plantilla?
¿Alguien cree de verdad que este modelo fideliza?
La experiencia en zonas no core ya demostró lo que ocurre: pérdida masiva de clientes. Muchos se irán; otros permanecerán solo mientras no encuentren alternativa. Y cuando la tengan, se marcharán.
Memoria tenemos todos.
La plantilla no es un instrumento. No somos una variable de ajuste. No se puede construir futuro a base de presión constante.
Desde CSIF seguiremos trabajando para defender a todos los compañeros y hacer ver a la dirección que esta estrategia es equivocada y solo conduce al deterioro laboral y comercial.
Y el respeto no se proclama en un correo de los viernes: se demuestra con hechos.
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Sección Sindical Csif - Unicaja Banco